+562 33406377
+562 3340 6377 | 24 / 7 💬 +569 9920 0084 contacto@kickoff.cl

Con las altas tasas de desempleo femenino, el emprendimiento se ha vuelto una alternativa laboral para cientos de personas. Según un informe de Mastercard, un 34% de mujeres identificó nuevas oportunidades económicas a raíz de la crisis sanitaria. Sin embargo, expertas advierten que estos negocios están surgiendo por necesidad y que, por lo mismo, corren el riesgo de una mayor precarización.

El desempleo femenino ha sido uno de los efectos sociales más complejos que dejó la crisis sanitaria del coronavirus. Según el estudio Empleo femenino y Covid-19: Diagnóstico y propuestas del Centro de Políticas Públicas UC, la tasa de participación femenina en 2020 mostró un retroceso de casi diez años, pasando de 52% en 2019 a un 47% el año pasado. Con ello, 910.000 trabajadoras que estaban activas salieron del mercado laboral (v/s 781.000 hombres), evidenciando una vez más las brechas de género y desigualdades latentes que persisten en el sistema del trabajo.

A ese escenario desolador, se suman otros factores, como por ejemplo que muchas de las desempleadas están optando por no volver a buscar un trabajo asalariado por la sobrecarga de labores domésticas y de cuidado. “En Chile, datos recientes señalan que las mujeres dedican nueve horas semanales más que los hombres a las tareas domésticas y catorce horas más al cuidado de niños y niñas. No es de extrañar que una parte importante de las trabajadoras que hoy se encuentran inactivas aludan a ese tipo de razones para encontrarse fuera de la fuerza laboral”, dice el mismo análisis del Centro de Políticas Públicas UC.

En este contexto, el emprendimiento se volvió una alternativa laboral para cientos de mujeres, que necesitaban generar recursos económicos para subsistir con sus familias. Así, han aparecido nuevas caras en el ecosistema emprendedor, de personas resilientes, con ganas de reinventarse y, sobre todo, con deseos de superar las secuelas que dejó la cesantía en sus proyectos de vida.

Una de ellas es Carla Maldonado (34), creadora de la pastelería @lagordabakery. Su historia partió en el baby shower de su sobrina cuando decidió llevar como regalo su postre estrella; el cheesecake de Oreo. Un pastel que se robó el paladar de los asistentes, que quedaron tan fascinados con la preparación que le empezaron a hacer pedidos. Hasta ese minuto, Carla lo hacía gratis. Le entretenía cocinar, mejorar la técnica y regalar algo con cariño, hecho con sus propias manos. Sin embargo, sabía que, en paralelo, las cosas no andaban bien en su trabajo. “Soy publicista y, desde el estallido, se puso complicado. En la empresa, empezaron a echar a mucha gente, como 70 personas mensuales. Como yo llevaba poco, el finiquito iba a ser más barato, entonces me estaba preparando para que me sacaran”.

A fines de abril, se concretó esa intuición y Carla dejó de trabajar de manera formal. “Ahí pensé que podía vender esto, mientras buscaba otra cosa. Así que lancé el Instagram, empecé a buscar recetas nuevas y a invertir para mejorar mis insumos”, cuenta. Así, a los pocos meses, ya contaba con una clientela fiel, que hizo que su emprendimiento creciera de manera exponencial. “Me empezaron a llegar muchos pedidos y fui avanzando. Nunca imaginé que iba a tomar tanto vuelo. En un momento, me vi con el refrigerador colapsado, porque no me cabían todas las cosas de la pastelería. Ahí dije ‘quiero hacer esto el resto de mi vida’”, relata.

Así, empezaron a nacer las Pymes pandémicas, comandadas por personas que quedaron fuera del mercado laboral y que vieron la contingencia como una oportunidad para aprender, arriesgarse y crear sus propios negocios. De acuerdo al informe del Índice Mastercard de Mujeres Emprendedoras 2020, un 34% de mujeres alrededor del mundo identificó nuevas oportunidades económicas a raíz de la crisis sanitaria. “Las mujeres reaccionaron con confianza, adaptabilidad, tocando nuevas oportunidades de negocio o re-alineando sus modelos para atender el comportamiento del consumidor”.

Sin embargo, el panorama no ha sido tan alentador, sobre todo para las que ya tenían sus emprendimientos y que tuvieron que enfrentar las secuelas de la crisis. Según el estudio de Mastercard, un 87% de las empresas lideradas por mujeres fueron impactadas por el Covid. Así, muchas cerraron sus negocios, mientras que otras se reinventaron para poder salir al paso y sacar a flote sus proyectos. Eso le pasó a la profesora de Educación Física, Carola Zalazar (39), que tenía su gimnasio en la ciudad de Concepción (@cs.wellness). “Vino la pandemia y dije ‘ya, ¿qué vamos a hacer?’ y ahí decidí arrendar los implementos que estaban en el gimnasio y traspasar las clases a Zoom. Empezó a resultar de a poco. Y me gustó porque fue una oportunidad. Me permite ahorrar costos y trabajar desde cualquier lugar”, cuenta.

Jimena Zapata, fundadora y CEO de la comunidad Genias (@genias.cl), vio de cerca esa reinvención y ese interés por generar nuevos espacios. Cuenta que si bien hubo un shock inicial con la crisis, a medida que fue pasando el tiempo, comenzaron a aparecer nuevas emprendedoras con proyectos diversos para hacerle frente a las necesidades de la pandemia. “Fue un súper desafío reinventarse y pensar cómo darle una vuelta a esto. El factor común es que hubo movimiento, hubo creación de cosas e innovación, porque no quedaba de otra. Muchas lo vieron como una oportunidad y eso fue positivo. A los talleres, llegaron personas que nunca habían emprendido, gente nueva y con rotación de intereses. En general, estaban volcadas hacia lo que requería la contingencia”, explica.

Ese el caso de Arlette Muñoz (41), creadora de Bordados Amore (@bordados.amore), que vio cómo el confinamiento intensificó el interés hacia las actividades manuales. “Mucha gente se puso a hacer manualidades en pandemia, porque no podíamos salir”, cuenta. Cesante y con poco ingreso, Arlette identificó esa necesidad y revivió, sin mucho que perder, un proyecto que tenía inconcluso en su vida. “Hace 2 años, había creado un Instagram donde hacía clases de bordado, pero no lo había mostrado por temor. Tenía miedo de lanzarme porque uno es súper crítico y porque no pensaba que era algo con lo que podía vivir”, cuenta.

Pero la necesidad económica la empujó a abrir su negocio que, poco a poco, comenzó a aumentar su clientela, formando una verdadera comunidad de bordadores a lo largo de Chile. “Mis clientes volvían, me pedían clases y todo se fue dando por sí solo”, analiza. Con ello, Bordados Amore dejó de ser una idea utópica y se transformó en el pilar del sustento económico de la vida de Arelette. “No pienso volver a buscar trabajo en otra cosa porque me ha ido bien. Me di cuenta que se puede, que depende de mi esfuerzo, y el sueño, que partió lentamente, por fin se cumplió”, relata.

A diferencia de lo que ocurría en tiempos pre pandemia, esa motivación económica ha sido el principal motor del emprendimiento femenino durante este período. “Ha sido la opción para seguir viviendo. El emprendimiento que está surgiendo ahora es por necesidad, para sobrevivir en el día a día y enfrentar la crisis del mercado laboral”, explica Nicole Pinaud, ingeniera comercial y académica de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Si bien los negocios con estas características permiten la subsistencia e independencia, la experta explica que, al ser por necesidad, “no tienen tanto espacio para la innovación o desarrollo de la tecnología. Son áreas más del día a día, que generan autoempleo, pero que no contratan a más personas”.

Según la Sexta Encuesta de Microemprendimiento, realizada por el Ministerio de Economía -con datos recogidos antes de la crisis sanitaria-, un 31% de las mujeres emprende por necesidad y un 68% del total gana menos que el sueldo mínimo líquido. “Los empredimientos se han precarizado más. Cada vez se hacen negocios con menos valor agregado porque se pueden vender productos que permiten un margen de ganancia, pero sin innovación. Este tipo de Pymes son importantes porque ayudan a tener una estructura financiera por un período de tiempo, pero corren el riesgo de desaparecer a la primera oportunidad que la persona encuentre un trabajo con sueldo fijo”, analiza Gianni Romaní, académica de la Universidad Católica del Norte.

Por eso, y para que estos negocios puedan sustentarse en el tiempo, Romaní sugiere que las emprendedoras se formalicen para poder acceder a los beneficios del sistema financiero. Además, recomienda tener una idea de negocio clara, identificando las necesidades de los potenciales clientes y sin dejar de lado la asociatividad entre mujeres. “Con eso, se pueden hacer economías de escala que ayudan a ahorrar costos y ofrecer un mejor servicio o producto. La sororidad, empatía y asociación es clave para que esos negocios que se han abierto en pandemia, se mantengan en el tiempo”, explica.

Carla Maldonado tiene clara esa perspectiva a largo plazo y siente que su negocio va por buen camino. “Me encantaría poder dar trabajo a más personas, y más que una cafetería, quiero tener una fábrica para producir y vender mis pasteles. Quiero ver cómo está la estabilidad económica de aquí a fin de año y ahí juntar plata y planificar bien, para no irme a pérdida”. Por su parte, Arlette Muñoz tampoco pretende dejar su emprendimiento y también tiene ganas de seguir en pie con Bordados Amore. “Quiero innovar y hacer más cursos. Hay un grupo de gente que dibuja, por ejemplo, y me pregunta si voy a hacer clases, entonces en algún momento me gustaría ampliarlo a la ilustración. Pero para eso tengo que invertir en materiales e ir creciendo de a poquito”, manifiesta.

Sin embargo, a nivel general, aún falta tiempo para ver si las nuevas Pymes logran la sustentabilidad o permanencia con un proyecto a largo plazo. Para tener estos datos, según Nicole Pinaud, hay que esperar que los negocios pasen por el denominado ‘valle de la muerte’. “Ese fenómeno se da entre los tres y cinco años. Hay que ver eso, considerando que al menos un 65% de los emprendimientos no pasa ese período de tiempo. Lo que sí sabemos es que, con la pandemia, se están generando nuevas empresas, pero lo que pasa adentro, en relación a cuántas nuevas versus destruidas, no se puede saber hasta más adelante”, finaliza.

Por: Revista Paula, Diario La Tercera